lunes, 13 de julio de 2009

Diálogos en el vimana I

Fotografía tomada el 11 de julio de 2009

Todo sucede en un nave que vuela bajo un estratonimbo sobrecogedor.

Aunque en su exterior la máquina asemeja un avión relativamente moderno, el interior de la nave reproduce el moblaje y la decoración de un vimana*. Pero este detalle sólo es percibido por quienes saben reconocer el crujir de un baldaquino, el sedoso frufrú de almohadones bordados con escenas del
Ananga Ranga, el rechinido de un viejo charpoi...

Viaja
Kama Hanuman Ganesha en el vimana, y con él se encuentran Arundhati Nogueda Chávez, Natalia Ruiz Ochoterena, Ocípete Casquijo y Margarita Toledo Sigüenza, discípulas amadas y amantes del maestro.

Escuchan las guiadas al guía, como quien mira el pabilo tembloroso de una vela a punto de extinguirse.

Ahora, menos joven, absolutamente extraviado y sin ángel de la guarda, envuelto en ropas raídas, ajadas, deshilachadas, anuncio, hijas mías, la oscuridad para este siglo que apenas comienza.

Con el primer cigarro del día entre los labios y con una taza de café y leche por desayuno, yo mismo me asomamo al espejo y pregunto en nombre de toda la humanidad:
¿Y si estoy absolutamente equivocado? ¿Y si lo que ayer creí cierto es sólo un tejido de falsedades y argumentos inconsistentes, a la luz del nuevo día?

El escepticismo consuetudinario es considerado sedicioso, porque se resuelve en el deseo de confirmación o, en su defecto, en el ansia de cambio y en la acción generadora del cambio mismo. Peligran, entonces, las formas establecidas de la moral, de la religión, del arte, de la erótica, de la familia, de todo.

Pero, cosa curiosa –y aquí está el germen del encanto- el riesgo que corren esas formas incluye su misma reivindicación. Porque no se trata de destruir sino de colocar en situación de crisis cada elemento de la realidad, y conocer así su peso, su textura, su estado, su composición química, su biología, su historia.

El aniquilamiento bárbaro y ciego del pasado no es una buena estrategia. De hecho, es una acción estúpida… y fea.

Al presentarnos como los atilas del establishment, nos volvemos amargos e insoportables en medio de los nuestros, y la gente empieza a dudar... sí, pero a dudar en invitarnos a la reunión del viernes, porque sabe que somos capaces de echar a perder la velada con dos o tres dogmas estúpidos que pretenden acabar con otros dos o tres dogmas igualmente estúpidos (todos los dogmas son, por definición, estúpidos, como todas las generalidades, incluso esta generalidad–todos los dogmas son estúpidos- se vuelve estúpida si un grupo de personas lo toma como bandera de su cosmología y lo presenta como plataforma política o como evangelio religioso).

En cambio, el anarquista encantador hace pública su lucha en contra de los poderes fácticos sin desconocer los rasgos positivos de sus representantes y de las bondades de la cultura vigente.

Insisto, señoritas, que debemos quitarle el poder teológico al pontífice romano, y distribuir sus funciones entre todos los que hemos sido bautizados.


¿Y qué hacemos con sus ropajes, caballero? -pregunta Natalia.

No sé. El solideo es semejante a los kipot judíos. Yo lo olvidaría, es muy aburrido.

La mitra, sugiero que se ofrezca como trofeo al mejor chef del mundo (y que cada cuatro años cambie de manos, como la legendaria Jules Rimet).

Y en cuanto al palio arzobispal, propongámoslo como nueva moda entre las bañistas de Ipanema. ¡Sólo el palio, sin más prenda que el palio!


Caballero -advierte Ocípete-, le recuerdo que está entre damas decentes, pudorosas y recatadas. Que andemos las cuatro desnudas en su cama, no le da derecho a atacar los usos y costumbres de nuestra Santa Madre Iglesia…

Es que soy anarquista, ¿saben?

Arundhati, la más joven, suspira: Y un anarquista encantador, nadie lo niega. ¿Otro daiquiri?

*Un vimana (también llamado pushpaka) es un artefacto volador de la India mítica. En cierto momento de sus aventuras, Rama viaja a Ayodya en un vimana. Es muy probable que algunos de los Objetos Voladores no Identificados de los siglos XX y XXI sean, precisamente, vimanas.

lunes, 6 de julio de 2009

Viendo dormir un árbol

Fotografía tomada el 6 de julio de 2009, a las 8:15 de la noche,
minutos antes de que cayera una lluvia torrencial.

Intento fallido de escribir en pentámetro yámbico
mientras mi padre duerme

(después del tercer verso, renuncié).


Al mar de ti te vas (soñar y ser),
y el cielo da de sí, gigante, dios.

Ayer se fue, mi amor, ayer se fue.

Y me preguntas con los ojos dormidos, me miras
en cada uno de tus silencios, árbol,
y no sé cómo decirte que nos quedamos solos.

Antes fue mi madre, tu mujer,
mi mujer, nuestra,
demasiado nuestra,
luz demasiada luz.

Y antes de que se fuera la luz, entraste en ella, árbol,
y de ella salimos nosotros. Somos los mismos,
el mismo.
¿De qué me quejo, entonces?
Nadie se ha ido: aquí estamos
los cuatro,
el mismo.

¿Pero cómo percibir lo que pienso?

Vana esperanza de ver lo invisible,
de escuchar lo inaudito, de mirar cualquier movimiento,
el más leve, al otro lado del río.

Y es en ese anhelo
con el que tratamos de destejer
nuestra tristeza,
mientras aguzamos los sentidos,
donde nuestras manos se entretienen
con el lodo frío que nos rodea
y sobre el que nos encontramos
sentados.

¿Qué es esto? –pregunto.
El tiempo –dice el árbol entre sueños-. El tiempo.