lunes, 1 de agosto de 2011

A una nube vieja


¿De veras pensaste, nube, que siempre serías pájaro?
Fuiste vapor de orgullo, y en tu liviandad
creíste que eran verdad
las palabras del niño que te vio desde el jardín:
Altisonante, tirado en la yerba, soñaba despierto:
¡Es un cisne, es una sirena color de rosa, flotante!
Y de ahí en adelante, te dio por llover.
¡Mírate ahora! Me recuerdas a aquella mujer
que volví nube de tanto mirarla,
pero ella no se volvió charco –como tú, pobrecita de ti-.
¿Ella? Ella pasea por Polanco
y ya no se acuerda de mí.

2 comentarios:

  1. Gracias, María, un "mer gusta tuyo" es mejor que estar en Estocolmo. Agus

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