domingo, 6 de febrero de 2011

¡Que digan misa!



Del libro Contra las mujeres
En preparación


Asido a mis entrañas
he sido usado por miríadas de mujeres
manjares
en los manglares de mi conciencia,
y sigo vivo.

Asado en el sartén cansado
de la cocina de mis vecinas, he sido izado
por mujeres mujientes
entre los vientres de sus sueños (dragonas insatisfechas),
y sigo vivo.

Ahora, en los días del recuento decidido,
he cedido los derechos de mi autobiografía
a las fervientes de sí mismas,
para que digan de mí, en su geografía,
lo que les plazca
(total, en ellas me metí).

sábado, 5 de febrero de 2011

Si yo, ve, viera yo vería

Del libro Contra las mujeres
En preparación


Breves las tetas tuyas, pero notables,
con sus pezones exactos, samovares.
Tibio el vientre tuyo, acaso inflamado:
De él parto hasta el terciopelo de tu pubis,
y besándolo te digo: estoy enamorado.

viernes, 4 de febrero de 2011

El pensamiento complejo de una alcachofa

Del libro Sobrinas de Atar
En preparación




Los elefantes y las libélulas
respiran el mismo aire
–dice con donaire María
la de los tres mares.

Vuelan los elefantes sin que se note,
a ras del suelo (levitan), esperan que brote
la flor del cacahuate
del que habló alguna vez su abuelo,
el mamut,
antes de hacer su debut
como galleta de chocolate.

Y no falta, digo yo, el rinoceronte
con delirios de colibrí.
Por eso ya entendí aquello de pensar
que el acantilado siempre ha de soñar
que es vivo reflejo de un monte.

Tú y yo somos uno mismo, dijo Timbiriche,
que fue decir desde el abismo
lo que la Morsa cantó mejor

(tan claro como el sefardí
que locos ahora
nos trae
a María y a mí).


Porque el pensamiento de una alcachofa
no es la estrofa de un soneto,
sino el libreto de puertas abiertas
que dan al mar tres veces aeropuerto.


jueves, 3 de febrero de 2011

Desde el oprobio


Del libro Contra las mujeres
En preparación

A la señorita Ocípete Cascuijo Ramos,
en vísperas de su cumpleaños.


Rasgo mis vestiduras mientras me revuelco
en el huerto seco de mi ignominia.

¡Y no es, por favor, la pleurodinia!

No es ella, digo, la que me tiene postrado
bajo la lluvia, sino tus vicios y tu mugre, señorita hija de
los Cascuijo Ramos, tan decentes ellos, si supieran
que a la niña le gusta el placer inmundo
y los fangos.

¡Bazofia! ¡Subirte las enaguas ad libitum!
¡Descarada!

Ay, tiempos idos, ¿dónde quedaron?
¡Volved, oh pasado apacible!

Entonces, en aquellos días decentes,
golpearte no hubiera sido delito
sino apenas leve falta administrativa.

Hoy, snif, no puedo explicarte a patadas tu pecado.

Sin merecer una sola gota de agua,
te fraguaron derechos,
protección,
dignidad,
humanidad,
alma,
respeto…

¡Pero nadie supo darte vergüenza
ni quitarte lo casquivana!

Por eso vengo a tu ventana…

Al menos, me han dado permiso (plasmado en este documento
con sello y toda la cosa,
firmado por el licenciado Abalabide, muy amable el señor)
de colocarme en la acera,
para dirigir mi voz a tu balcón y gritar bajo la lluvia
y entre mis lágrimas:
¡Vas y chingas a tu madre, puta!
(Te lo digo de corazón.)