viernes, 11 de junio de 2010

Ese árbol ya estaba ahí


Ese árbol ya estaba ahí
cuando mi madre llegó, y cuando mi madre se fue
ese árbol seguía ahí.
Ahí sigue, y mi hermano
se ha ido.
Ese árbol no ha dicho una sola palabra
en todos estos años. Su silencio
es aterrador. No es la mudez
de mi padre viejo, gigante que tanto ha escuchado,
sino la mudez cruel del universo
(incapaz de explicarse a sí mismo).
Cuando yo me vaya y cuando tú te vayas
-intruso y misterioso personaje que lee-,
el árbol seguirá ahí.
Los programas de Discovery Chanel cantan la grandeza
del universo, su inteligencia (¡Qué brillante idea
la del universo! ¡Haber surgido nunca siempre de la nada!).
Perdón, señoras y señores, pero a mí
la inteligencia del universo me parece estúpida.
Y la estupidez del universo no se agota
con nuestra muerte: al paso de nuestra carroza, sólo susurra
entre las hojas del árbol esplendoroso, eterno, idiota.

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