viernes, 4 de febrero de 2011

El pensamiento complejo de una alcachofa

Del libro Sobrinas de Atar
En preparación




Los elefantes y las libélulas
respiran el mismo aire
–dice con donaire María
la de los tres mares.

Vuelan los elefantes sin que se note,
a ras del suelo (levitan), esperan que brote
la flor del cacahuate
del que habló alguna vez su abuelo,
el mamut,
antes de hacer su debut
como galleta de chocolate.

Y no falta, digo yo, el rinoceronte
con delirios de colibrí.
Por eso ya entendí aquello de pensar
que el acantilado siempre ha de soñar
que es vivo reflejo de un monte.

Tú y yo somos uno mismo, dijo Timbiriche,
que fue decir desde el abismo
lo que la Morsa cantó mejor

(tan claro como el sefardí
que locos ahora
nos trae
a María y a mí).


Porque el pensamiento de una alcachofa
no es la estrofa de un soneto,
sino el libreto de puertas abiertas
que dan al mar tres veces aeropuerto.


2 comentarios:

  1. hermoso!!!! me encanta el rinoceronte con delirios de colibrí, quizá de eso se disfrace el próximo mes ¿lo reconoceremos? y es que hasta ellos tienen alas!!!

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  2. A dos cosas te has de acercar, María:

    1. Y la nave va (Fellini), donde dos de los personajes principales son las cenizas de una famosa soprano, Edmea Tetua, y un rinoceronte melancólico.

    2. El capítulo IX del Líbro XI de la Ciudad de Dios, de San Agustín, donde mi doctor patrono ubica, preocupado al no encontrar de manera expresa la creación de los ángeles en el Génesis, ubica dicha creación en el primer día, cuando Dios hace la luz.

    3. Un libro de Ramón J. Sender, cuyo título he olvidado, donde describe la condición superior de los seres alados (no salados, alados). Luego me acuerdo del título.

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