lunes, 30 de marzo de 2009

Proverbio I

Del libro Proverbios
En preparación



Aquel pájaro que busca
los secretos del vuelo en la nube
aprende a llover.


lunes, 23 de marzo de 2009

Lumbre Columpio Caliente

Del caset Mójame el alma entera
Mamá-Z / 1991


Entregado a los placeres de tu alma enorme,
me he olvidado cómo sabe una distancia grande;
y tu nombre entre mis labios ya no suena a lumbre,
lumbre que entretiene tanto.

Herbolario de mi horario, azufaifa blanda,
enervante que me atrapa al probar su fruta,
hoy no quiero por pudores dominar mi vicio,
que entretiene tanto.

Lumbre Columpio Caliente, mójame el alma entera;
mójame el alma entera hasta que llegue la muerte.

Enredado en los quehaceres de tus piernas tibias,
me he olvidado cómo suena un corazón que llueve.
Y tus manos me conducen a esa lumbre,
lumbre que entretiene tanto.

Entregado a la memoria de esa alberca nuestra
-donde hicimos lo que hicimos entre tanta gente-,
hoy te doy las gracias por toda esa lumbre,
lumbre que entretiene tanto.

Lumbre Columpio Caliente, mójame el alma entera;
mójame el alma entera hasta que llegue la muerte.

domingo, 22 de marzo de 2009

Epitalamio a Lamia



Del Digital Audio Tape
Canciones de domingo (Mamá-Z)

1991


Basta tu rostro para un vaso de sol,
que me beba caliente, que me ahoge de fe.
Eres de fuego y me levanto por ti,
por tu sangre y tus caldos, Lamia de mí.

Uno no sabe si merece el calor
de tu cuerpo mojado: sin embargo, aquí está
la Metáfora Enhiesta que te hace temblar
(lámela a mares, vamos, hazla llorar).

Lame el amor, Lamia de mí,
Lamia de mí lame el amor.

Basta tu ombligo y llenarlo de miel,
y de leche que tibia se derrame al sudor,
eres dragona y yo me atrevo a decir
Purgatorio bendito, Lamia de mí.

Uno pregunta si se puede cantar
a tu cuerpo encendido que me pide el favor
de mi Espada de Lumbre que es tu hambre febril
(lámela a mares, vamos, hazla venir).

Lame el amor, Lamia de mí,
Lamia de mí lame el amor.

martes, 17 de marzo de 2009

De claris mulieribus

Del libro Autobiografía no autorizada
En preparación


Soy de Bulgákov la Margarita que aventura en escoba demoníaca,
y también la Margarita enamorada que tose sangre sobre sus camelias.
Soy en Yautepec Manuela que, mojada por tormenta indispensable,
cabalga hacia Xochimancas; y Emma Bovary en el castillo de Andervilliers
o en su farmacia ambigua, purgatorio definitivo.

Soy la geográfica Alicia que viaja por su túnel vertical,
y Eugenia Grandet que amenaza con arrancarse la vida
si su padre profana el cofre que es reliquia.
Soy la pastora Marcela que lava sus manos ante el suicidio de Grisóstomo.
Soy Pragedis, que recoge con santa esponja
la sangre de los mártires después del suplicio,
y de la Ginecomaquia la hermana Serafina en el pabellón amarillo,
como a las once y media de la noche.

Soy Doralice en brazos tártaros enredada, y la frívola Angélica de Catay,
ofrecida al apetito de monstruo marino.
Soy Desdémona que pierde su pañuelo, y también la bruja que lo bordó.
Soy, entre las hijas de Bernarda, la rebelde Adela.
Soy Iría Clarós en la suite del Hotel Saint Michel,
y Lola en el cementerio con Pascual Duarte encima.

Soy la invencible Bradamante, loca de amor, por las gargantas pirenaicas.
Soy, diría el dromedario dramaturgo, nodriza con privilegios de nobleza.

Soy el Cielo de agujeros aromaticos, históricos, necesarios,
incandecentes, indecentes, impacientes.

Soy Dido, con apócrifo Ascanio entre los brazos
(tuve, como Arturo en el infierno, la belleza en mis rodillas),
o tal vez la misma fenicia pero en los Campos Llorosos.
Soy la enervada Matilde en la biblioteca, con Julián Sorel,
y la Isabella que tiembla en subterráneo de Otranto,
perseguida por un Manfredo desorbitado;
o tal vez Hipólita desdeñada.

Habito, pues, el gineceo de la fantasía memorable,
conozco el perfume de sus muebles
y los espejos que los reflejan inclinados.


jueves, 12 de marzo de 2009

Acanthocybium Solanderi

Oda a Ariel Bujakiewicz
Chef del Groove


¡Oh, Ariel bendito, qué filete de pescado!
Miro desde el acantilado tu plena sabiduría.
¡Cuánta luz, qué milenaria!
Es tu cocina del paladar abecedaria
y de los dioses eternos la mejor alegoría.

¡Oh, Ariel divino, amo tu guajú a la plancha!
Es una mujer sin mancha, con alcaparras y mantequilla
(ellas son la capilla donde oficia el bienvenido limón).

Alejado de tus platos, vivo sin vivir en mí.
Entretanto y aquí, soy abducido por ángeles
y remitido a la más dulce condición.

¡Oh, Ariel diabólico, qué ensalada de aguacate!
Deja que desate mi lengua por tu verde arúgula.

Sin mengua de tus sorrentinos, asesinos de mi esplín,
bendigo tu acólito camote a la naranja,
puré que zanja diferencias y me hace decir contento:

¡Oh, Ariel Prodigioso, eres mi domingo de adviento!

Echándole tierra a mi difunta esposa



Del libro Contra las mujeres
En preparación


No, no eres tú, mujer, la más graciosa,
no compites con las inteligentes;
mas sí que tus divinas tetas saben
al más fino, ay, de los aguardientes.

No eres ningún dechado de ternura,
palacio de amor o de juegos vanos;
sí tus nalgas alpinas escritura
de mi boca sedienta y de mis manos.

Bálsamo fueron tu lengua y tus labios,
pomada tu agualeche de aspavientos;
y dejaste en mis sueños tus resabios

que de tanto en tanto se vuelven vientos
en mis ojos de dulces astrolabios
con que miro la vida y sus alientos.